¡Feliz Año 2013!

¡Hola!

A menos de cuatro horas de que finalice el año (en España son las ocho y pico de la tarde), me gustaría desearos a tod@s una buena entrada de año, con buena comida y rodeados de las personas más queridas para vosotr@s.

¡Feliz Año Nuevo! 

Y que el 2013 os depare lo mejor del universo,

y que los Reyes Magos os traigan muchos libros, 😉

Con cariño, Ruby.

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Déjate capturar: Capítulo 5

¡Por fin!

¡Cantemos el aleluya! Que ya era hora, hombre. Y cómo es Navidad, hay que disfrutar de los regalos que nos trae Santa. Aunque sean con un día de atraso. 😉

Y no digo más, ¡a leer!

Capítulo 5
Phelan Bardsley observó desde lejos la conversación entre dos de sus parejas con una sonrisa. Dee estaba siendo un poco tímida, algo completamente normal teniendo en cuenta que delante había un perfecto espécimen de hombre: alto, moreno, de cuerpo de infarto, con el pecho al aire y suaves gotitas de agua resbalando por éste. Phelan estaba seguro que iba a comenzar a hiperventilar en cualquier momento. No pudo evitar que se le escapara una risa.
Lope, por su parte, se estaba conteniendo. Su expresión decía que iba a saltar sobre la chica en cualquier instante, por su bien Phelan esperó que no lo hiciera. Aún no era seguro cómo iba a reaccionar Deeann. Conocía la sensación que debía tener el hispano en ese momento: sorpresa, anhelo, incredulidad. Su mente debía ser un caos: preguntándose cómo era posible que tuviera dos parejas y si Conall lo era también de aquella chica o sólo él.
Unas palabras más y Lope se hizo a un lado para dejar paso a Dee al interior del taller. Phelan contempló con las cejas alzadas la mirada de puro deseo que el hispano le echó a las partes traseras de la joven, estaba deseando ver la cara que ponía cuando supiera que él también era su pareja.
Suspirando se dio la vuelta para irse a casa de su hermano, donde pensaba reordenar sus pensamientos y buscar la forma de hablar con sus tres compañeros destinados, cuando la onda expansiva de una explosión le tiró de bruces al suelo. Se dio la vuelta tumbado sobre la tierra y entornó los ojos con la intención de ver más allá de la nube de polvo que se había elevado, pero era inútil. Tosió varias veces, levantándose y sacudiéndose la arenilla de la ropa. Se acercó unos pasos hasta que pudo distinguir el panorama en el que había quedado el coche y el taller.
Salvo que ya no había coche ni entrada de taller.
Conall se despertó con el eco de un enorme estallido. Se incorporó de golpe en la cama y buscó con la vista a su pareja, pero Lope no estaba allí. Saltó en pos de sus pantalones y se los puso a la vez que corría fuera de la casa. Allí estaban su madre y Lynn, observando con asombro la enorme columna de humo que salía de uno de los edificios del pueblo. Una construcción que Conall conocía muy bien.
Salió disparado hacia el lugar. Si le había ocurrido algo a Lope, no respondía de sus actos. Más le valía a ese estúpido estar vivo.
Tras un primer momento de desconcierto, la ira se apoderó de él. Miró a su alrededor, donde la gente ya se iba acercando para observar lo que había pasado, sin ver a nadie sospechoso. No podía creerlo: habían intentado matar a Dee o a Lope o a ambos. ¿Pero quién iba a querer hacer algo así? No importaba, lo primero era encontrarlos y después buscaría culpables. Phelan gruñó y se lanzó dentro del taller. Una punzada en la nuca le dijo que quien fuese estaba allí afuera, observando.
La visión fue perturbadora. El lugar estaba hecho un desastre: los escombros lo cubrían todo; las herramientas, por los suelos; la pared de la entrada derribada y el resto del taller arruinado. El ambiente lleno de la polvareda de la explosión era molesto de soportar. Los ojos se le llenaron de lágrimas y tuvo que taparse la nariz para evitar la congestión. Observó la zona buscando cualquier señal de movimiento, cuando de repente un sonido llegó desde una esquina del local. Corrió hasta allí y lo encontró lleno de cascotes que se apresuró en retirar. Debajo había una gruesa sábana. Suspiró y con cuidado la levantó. Tres pares de miradas le aliviaron el corazón.
—¡Phelan! —El aludido sonrió a la chica y la ayudó a ponerse en pie. Dee le abrazó temblando.
—¿Estás bien?
Ella asintió y Phelan se volteó hacia Lope quien estaba siendo auxiliado por un pelirrojo que no conocía. Caminó unos pasos y al llegar a su lado sus iris coincidieron con los del hispano quien se le quedó mirando asombrado. Había olido a Phelan. Miles de preguntas revoloteaban en aquel ambiente cargado de polvo y suciedad. Lope alargó la mano y entrelazó sus dedos con los del chico más bajo, sintiendo un chispa parecida a la de Conall aunque no igual. Phelan la estrechó con fuerza e hizo un amago de sonrisa. Al menos nadie se había vuelto loco ni había comenzado a gritar, porque menudo momento para encontrar a tus parejas. Lope abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por alguien que gritaba su nombre.
—¡Lope! —El furibundo grito retumbó en las paredes que aún quedaban enteras. Conall entró en tropel con una expresión desesperada en el rostro—. ¿Dónde estás? ¡Maldita sea!
El hispano dio un último apretón a la mano de Phelan y le soltó. Un fugaz sentimiento de abandono se instaló en el corazón de Phelan, siendo desechado con rapidez. No podía concentrarse en eso. No en esa situación al menos.
—¡Aquí!  —exclamó.
Conall siguió la voz de su pareja y en cuanto le vio, se lanzó a sus brazos. El alivio le recorrió el cuerpo. Lope escondió el rostro en el cuello de su chico. Suspiró y le acarició con la nariz. Se abrazaron con fuerza. Conall tomó su cara en sus manos y unió sus labios con los de él. Miedo, dolor, pérdida, pero sobretodo amor se reflejaron en ese beso. Se miraron a los ojos y se envolvieron de nuevo.
—Por mucho que me guste veros tan acaramelados, creo que deberíamos salir de aquí —La voz de Reed les hizo separarse.
Conall frunció el entrecejo extrañado de verle allí, cuando un rugido estremeció el local. Varios cascotes cercanos a ellos cayeron con un ruido sordo y el brazo de Lope se convirtió en acero alrededor de Conall.
—Vamos, esto está a punto de venirse abajo —dijo Lope empujando a Conall a la salida.
Phelan y Dee miraron hacia arriba y observaron como las grietas crecían a cada segundo que pasaba. El sonido de la piedra resquebrajándose se fue haciendo más fuerte y el polvillo hacía irrespirable el aire. Dee estornudó y se tapó la boca con la manga. Reed dio un par de zancadas hacia el boquete que había abierto la explosión, apresurando a los demás con las manos. Más fragmentos tocaron el suelo a su alrededor y desde fuera el resto del pueblo empezó a gritar. Phelan reaccionó agarrando a Dee de la cintura obligándola a correr; Lope y Conall les siguieron. Justo en el instante que atravesaron la pared, el local se desplomó y una nube de polvareda les cubrió haciéndoles toser.
La zona estaba repleta de curiosos que mascullaban y susurraban  en voz baja. Dee estrujó el brazo de Phelan y él le sonrió en un intento de tranquilizarla. Luego observó a su alrededor buscando con la mirada al resto de sus parejas. Les encontró a unos metros de distancia hablando con el desconocido de cabellos rojos. Estaba a punto de acercarse cuando vio a la madre de Conall llegar corriendo junto a una muchacha que parecía ser la hermana de Lope. El pelirrojo se apartó y con un par de señas dirigidas a Lope se dio la vuelta perdiéndose entre la multitud, que contemplaba atenta a la familia.
—¡Conall! ¡Lope! —Los nombrados giraron la cabeza y vieron como Thamar llegaba con la frente sudada y con los brazos abiertos. Ellos la rodearon con los suyos—. Mis niños, ¿estáis bien? No os habréis herido, ¿verdad? —Thamar les revisó de arriba abajo con los ojos.
—Estamos bien, mamá —dijo Conall sonriendo—. Aunque creo que necesitamos una ducha.
—Estoy de acuerdo en eso —añadió Lope, quien aún iba con el pecho descubierto y éste estaba manchado de sudor y de cenizas. Le guiñó un ojo a su hermana y ésta le abrazó con fuerza. Por encima de la cabeza de Lynn, Lope miró a Phelan haciendo un movimiento de cabeza.
Phelan se aproximó entonces con Dee a su lado. La chica no sabía muy bien qué hacer, pero no dijo nada. Se colocó junto a Lope y esperó. El otro sonrió y soltando a su hermana pasó uno de sus brazos sobre los hombros del chico.
—Mamá, ¿recuerdas a Phelan? —dijo Lope llamando la atención de Conall y su madre. El aludido no pudo evitar sonreír, el hispano recordaba quién era. Thamar abrió los ojos asombrada y puso las manos en la cintura, se acercó al joven y se echó a reír.
—¡Por supuesto que sí! Tú eras el jovencito que seguías a mis chicos a todas partes —Phelan sintió enrojecer las mejillas y escuchó una risita por parte de Dee.
—Mamá, estoy seguro que Phelan sólo estaba huyendo de Silvester —replicó Lope apretando el hombro del universitario.
—Eso también —asintió Phelan y sonrió—. Por cierto, le presento a Deeann Kelly —Dee saludó a Thamar con un asentimiento de cabeza.
—Encantada.
Thamar pareció desconcertada durante un momento.
—¡Oh, claro! ¡La fotógrafa! Hablaste conmigo por teléfono sobre esa habitación libre, ¿no es así? —Thamar sonrió a la muchacha que parecía estar aún bajo los efectos de la explosión.
Entonces alguien le llamó.
—¡Phell! —Éste se giró extrañado, cuando vio a su hermano Lyall y a su mejor amigo Connor corriendo hacia él.
—Menos mal, ya pensábamos lo peor —exclamó Connor abrazando a Phelan.
—Si hermanito, menudo susto —continuó Lyall dándole unas palmadas en la espalda—. ¿Qué diablos ha pasado? —preguntó mirando al destruido taller.
—Ni idea, creo que la explosión vino desde el coche —argumentó—. A mí me tiró hacia atrás la onda expansiva. —Phelan sonrió—. Pero cómo veis, todo el mundo está bien, yo incluido. Así que no tenéis nada de qué preocuparos.
—¿Había una bomba en mi coche? —balbuceó Dee llevándose las manos al rostro—. Pero, ¿quién…?
—No creo que nadie quisiera hacerte nada, caramelito. Habrá sido algún fallo del motor —Lope sonrió y le pasó el brazo por los hombros a la chica, como antes había hecho con Phelan. Dee miró con el ceño fruncido al hispano y éste le guiñó un ojo—. No pensemos en eso ahora, ¿qué tal si nos preparas algo de comer mamá? Todos nos encontraremos mejor con el estómago lleno.
Conall alzó una ceja, pero no se movió del lado de Thamar quien asintió.
—Muy bien, comeremos algo y después podrás ver tu habitación, ¿qué te parece, querida? —dijo Thamar mirando a Dee.
Ella aceptó y Lope, Conall y Lynn se encaminaron hacia la cabaña de la sanadora, mientras Thamar parloteaba alegremente sacándoles algunas risas a los otros tres. Lope soltaba carcajadas y Conall sonreía indulgente, Lynn se colocó al costado libre de Dee y entabló una animada charla con ella. Phelan, su hermano y Connor se quedaron donde estaban viendo como se iban alejando. Lyall entonces se volteó al chico más bajo.
—De todas maneras habíamos salido a buscarte, mamá quiere que vengas a cenar —explicó Lyall, Connor asintió a su lado.
Phelan lo pensó unos instantes observando de lejos a sus parejas y decidió que cuanto antes hablaran, antes podrían descubrir lo que estaba pasando. Sonrió y les miró.
—¿Sabéis qué? Decidle a mamá que ya iré a cenar mañana. Dadle un beso de mi parte —dijo a la vez que corría en pos del grupo.
—De modo que, ¿te quedas para la boda? —preguntó Conall dirigiéndose a Phelan.
Dee observó al chico de cabellos rubios al otro lado de la mesa de la cocina, donde el grupo al completo estaba almorzando tras haberse dado unas merecidas duchas y cambiarse de ropa. El chico se había quedado algo sorprendido por la pregunta, pero en el instante en el que iba a contestar alguien se le adelantó.
—Por supuesto que sí, Conall. ¿Para qué iba a venir sino? —replicó Thamar terminando de servir los filetes y haciendo sonreír a Phelan. Luego cogió un bol que había sobre la encimera y lo señaló—. ¿Salsa?
Lynn y Lope alargaron a la vez las manos para recibir el bol, logrando que Phelan, Dee y Conall lanzaran unas risitas. Antes de que comenzaran una discusión Thamar se lo dio a Lynn y ésta dio un grito de triunfo, después se lo fueron pasando de unos a otros hasta que todos estuvieron servidos.
—¿Y hace mucho que eres fotógrafa? —curioseó Lynn.
Dee negó con la cabeza acabando de masticar.
—Es un hobby en realidad, aunque hice un cursillo de tres meses hace un par de años.  
—¿Y qué estudias entonces? —Lope la miró apoyando los brazos sobre la mesa y reclinándose hacia delante.
—Tu- turismo —tartamudeó ella sintiendo cómo los colores se le subían a las mejillas, bajó la mirada al plato y se metió en la boca el último trozo de carne que le quedaba.
—Yo terminé la carrera de informática hace dos años y ahora estoy haciendo el máster —apuntó Phelan, Dee le miró con agradecimiento.
En ese momento Thamar se levantó para llevar varios platos al fregadero. Dee queriendo escapar de las miradas que le echaba Lope se puso en pie y cogió varias cosas más de la mesa.
—Déjeme que la ayude.
—No tienes por qué hacerlo, querida.
—No me importa, me gusta ayudar —admitió Dee con una sonrisa.
—Ya podríais aprender —les regañó Thamar a los otros chicos.
—Pero yo siempre ayudo —rebatió Lynn de brazos cruzados.
Lope miró a los dos chicos que aún seguían sentados a la mesa y señaló la puerta de la entrada. Asintieron unánimes. Entretenidas en su disputa doméstica ninguna salvo Dee se dio cuenta de que los tres jóvenes abandonaban la cocina para salir al porche. Ladeó la cabeza preguntándose que era aquel sentimiento tan extraño que la recorría cada vez que miraba a alguno de ellos. Suspiró y decidió dejar apartado el tema; la explosión de su coche parecía ser algo más importante en lo que pensar.
—Así que la universidad —habló Conall una vez fuera de los oídos de la chica humana—. ¿Sabes?, siempre pensé que te habrías trasladado a otra manada.
Phelan se hincó de hombros a una distancia prudente. Dio unos pasos hasta el columpio que había en uno de los laterales del porche y se sentó. Lope permaneció de pie entre ambos, vigilando. Phelan soltó aire y se rascó la cabeza.
—Lo cierto es que como no puedo cambiar no me habrían admitido aunque hubiese querido irme de la manada —explicó—. Además cuando me fui, decidí que sería para no volver ni a ésta ni a ninguna manada.
Conall se le quedó mirando asombrado para luego fruncir el entrecejo.
—¿Ninguna manada? ¿Pensabas renunciar a ser un lobo?
Phelan se rió reclinándose en el asiento y fijándose en Conall. Sus ojos marrones captaron los azules del otro chico.
—Sea lo que sea, no soy un lobo. De modo que no puedo renunciar a ser algo que no soy. — Odiaba aceptarlo, pero aquellas palabras habían dolido. Admitir frente a otros lo que le había llevado tanto tiempo asumir no era fácil. Phelan tragó el nudo que se le había hecho en la garganta—. Así de simple —dijo volviendo la mirada a la espesura del bosque deseando que los ojos que se llenaban con rapidez de lágrimas no dejasen escapar ni una.
Notó entonces un peso a su lado y unos dedos que le acariciaban la nuca. Phelan giró el rostro y allí estaba la suave sonrisa de Lope. Le respondió con otra, aunque algo triste, cuando de repente escuchó un gruñido bajo frente a él. Conall le cogió del cuello de la camiseta y le hizo ponerse en pie para enterrar su nariz en el cuello de Phelan, quien miró a Lope, el cual también se había levantado y permanecía quieto en espera de la reacción de Conall.  
Un gemido se escapó de la boca de Phelan cuando Conall introdujo una de sus manos por debajo de la camisa y la otra empezó a desabrochar los pantalones vaqueros, al mismo tiempo que le hacía un chupetón arriba del borde de la ropa. Lope soltó una risa baja colocándose detrás de Phelan y atacando la otra parte del cuello.
—Ch-chicos, yo… —intentó hablar Phelan—. No… a-aquí… fuera… Y-yo… —Pero le fue imposible continuar al tener dos pares de manos tocando y manoseando todas las partes sensibles de su cuerpo. 
Phelan sentía como su control desaparecía por momentos. Sus párpados se habían cerrado incapaces de soportar el deseo que le recorría la espina dorsal. Una boca abandonó su chupeteo y subiendo hasta la suya dejó un reguero de besos y lamidas. Phelan percibió unos labios contra los suyos y una lengua intentando abrirse paso. No lo pensó mucho; la dejó entrar. Y mientras un par de manos entraban en sus calzoncillos y le apretaban el culo y el miembro endurecido a la vez, sus brazos se pusieron en funcionamiento y rodearon la cintura del muchacho que tenía delante. Recorrió la musculosa espalda hasta enterrar sus dedos en el cabello del chico que gimió en su boca.
Phelan nunca había sentido algo tan intenso, ¿así era estar con tu pareja destinada? No era de extrañar que Connor y Lyall no pudiesen alejarse ni un poco. El aire empezó a faltar y el beso terminó, pero sus manos no abandonaron su lugar. Abrió los ojos y observó el rostro enrojecido y la mirada abrumadora de Conall. Le acarició el pelo y la nuca sin saber qué hacer para no romper el momento.
No hizo falta, otros se encargaron de ello. 

Regalitos de Santa…

¡Hola! 
Tan bonito día (o noche) como es esta, lo más bonito son recibir los regalos y los fabulosos blogs de traducción que nos han dado un montón de libros por estas fechas. ¡Démosles las gracias!
Desde el Olimpo un par de buenas historias: una de cambiaformas y otra de detectives (que tiene muy buena pinta, por cierto):

Coyotes                       y                        Mafiosos

En Brad Pack nos han traído las continuaciones de la serie “La ciencia del muérdago”:

Muérdago 3                  y                  Muérdago 2

Y por último, Blue Sensation nos presenta el primer libro de una nueva serie:

Oportunidades

¡Un beso y buena lectura!

¡Feliz Navidad!

¡Hola!

Ya sé, ya sé, es un poquito tarde y todo eso, pero bue… mejor tarde que nunca. 
Así que:

¡Feliz Navidad!


(Este es un regalito que me ha hecho la fabulosa Visionepica y quería compartirlo con todos vosotr@s)
¡Muchos besos y sed felices!

Más cositas…

¡Felíz Nochebuena!
Hoy me estoy preparando para esta noche: que si el pelo, que si la ropa, que sí los platos que vamos a llevar…
Esta noche toca cena familiar y es imposible saber a qué hora se va a regresar a casa, así que por si volvéis antes que yo, tenéis algo que leer. 

¿Me das un besito?

¡Muchos besos y que os lo paséis en grande!

¡Me voy a seguir cocinando!

¡Nuevo blog!

¡Hola!
Aquí os traigo una estupenda noticia: después de algún tiempo traduciendo y publicando sus trabajos en otros blogs, por fin “Las Tres Ls” han abierto el suyo propio. 
Como regalo de inauguración nos han dado la oportunidad de leer un bonito cuento de Navidad:

¡Ava te espera!

Esperemos que todo les vaya genial y les deseamos mucha suerte en esta nueva aventura. 
¡Un saludo!

Encuesta y otras cosas…

¡Hola!
Otra vez que he vuelto a desaparecer, pero es que estas fechas son malísimas: toca la entrega y presentación de trabajos del primer cuatrimestre de la universidad y sinceramente, apenas hay tiempo ni de terminar los trabajos. 
Lo cierto es que no he podido avanzar mucho, a ver si cuando lleguen las vacaciones puedo volver a publicar un par de capis antes de que vengan los exámenes de febrero. La vida del estudiante. Arg.
Bueno, tal y como dije en la anterior entrada, aquí está la encuesta para ver qué opináis acerca de quién debe besar primero a Dee. (Podéis encontrarla a la derecha de la pantalla). Aunque todavía no hay muchos capítulos, seguro que ya tenéis alguna idea de quién os gustaría. 
Yo ya tengo mi favorito, ¿cuál es el vuestro? 
¡Besos!